Sobre el Padre Nuestro (1) La oración que salvó al papa

Estamos en época de adviento, tiempo de celebrar y festejar, pero también de orar por Jesús, por el prójimo y por nosotros mismos.

Estamos en época de adviento, tiempo de celebrar y festejar, pero también de orar.

1) Para saber

Comenzado el tiempo de Adviento, la mirada se dirige hacia la Navidad y lo que ella representa. Porque no se trata sólo de recordar lo que pasó hace tantos años, sino darnos cuenta de que el nacimiento de Jesús incide en la vida de cada ser humano. Jesucristo es el Salvador, y su salvación viene a quien la acepta. Por ello la liturgia de la Iglesia nos invita a participar del gozo y la alegría de ser salvados.

Además, Jesús, siendo verdadero Dios y verdadero hombre, se nos muestra como el modelo para cualquier persona. Contemplando su vida aprendemos a comportarnos como verdaderos hombres. Y una actitud constante de Jesús es su vida de oración. El papa Francisco ha iniciado un nuevo ciclo de catequesis dedicado a reflexionar sobre la oración del ‘Padre nuestro’.

2) Para pensar

San Juan Pablo II fue un hombre de oración. Por ejemplo, cuando sufrió el atentado en la Plaza de San Pedro, lo trasladaron inmediatamente al hospital. Durante el trayecto, su secretario, don Estanislao, lo iba auxiliando, pues unas balas habían derribado al Papa. No obstante, en medio del dolor, iba repitiendo breves plegarias: “¡María, Madre mía! ¡María, Madre mía!”

Hay una anécdota que refleja cómo desde joven era un hombre de oración. En tiempos de la dominación alemana en Polonia, Karol Wojtyla, quien sería Juan Pablo II, estudiaba a escondidas la filosofía y teología para ser ordenado sacerdote, mientras lo alternaba con su trabajo en una fábrica. Así estuvo dos años. En 1944, ante la rebelión polaca, los nazis comenzaron a perseguir a los jóvenes y los encerraban en campos de concentración o los fusilaban. Una noche irrumpió la policía nazi donde vivía y empezó a registrar todas las habitaciones. Karol se fue a la cocina y decidió rezar. En Polonia existe la costumbre de rezar postrados en el suelo y así lo hizo. Los nazis pasaron a todas las habitaciones, registraron todo, pero no vieron a Karol, quien no dejaba de rezar. Hasta que se van sin encontrar a nadie. Karol seguía rezando. Podemos decir que la oración lo salvó.

Pensemos si la oración es algo presente cada día y en nuestra vida.

3) Para vivir

Podemos pensar que no tenemos tiempo para rezar. El papa Francisco comenta que a Nuestro Señor Jesucristo lo buscaban de todas partes, recorría a pie muchos lugares y tenía mucho que hacer y, no obstante, encontraba tiempo para apartarse y rezar. Aunque Jesús rezaba en los actos de liturgia con el pueblo, también buscaba lugares apartados, separados del torbellino del mundo, que le permitieran descender al secreto de su alma.

Jesús es maestro de oración y nos enseña a tener una relación con Dios Padre. Aunque hayamos rezado durante tantos años, siempre debemos aprender. Por ello, nos invita el Papa, deberíamos pedirle: “Señor enséñame a rezar. ¡Enséñame!”.

Y el primer paso para rezar, dice el papa, es ser humildes, reconocernos pecadores y débiles. La oración humilde es escuchada por el Señor.

La oración de Jesús es ejemplar, y nos enseña a amar la voluntad del Padre. Las últimas palabras de Jesús, antes de expirar en la cruz, son palabras de los salmos, es decir de la oración de los judíos: rezaba con las oraciones que su madre le había enseñado desde pequeño.

 

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